La amenaza de aranceles de EE UU acerca la economía mexicana al abismo

El anuncio de subida de aranceles por parte de Estados Unidos coloca a México ante un precipicio económico de consecuencias impredecibles. La medida, anunciada el jueves por el presidente estadounidense, Donald Trump, para obligar a su vecino a frenar la inmigración irregular, ha sentado como «una ducha helada», en palabras de la mano derecha del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador en el proceso de negociación del nuevo tratado comercial norteamericano (T-MEC), Jesús Seade. Llega, además, en un momento especialmente crítico e inesperado: justo cuando la ratificación del citado acuerdo se abre paso en las cámaras legislativas de EE UU, México y Canadá, Trump hace saltar el tablero nuevamente, añadiendo una dosis adicional de presión sobre una economía, la mexicana, aquejada de un sempiterno bajo crecimiento y de una caída en la producción manufacturera.

La decisión de Trump golpea al segundo país más poblado de América Latina cuando la expansión económica no termina de levantar el vuelo: durante el primer trimestre de 2019, el PIB aumentó en un 1,3%, casi cuatro décimas menos que en los tres últimos meses de 2018. La producción industrial ha seguido una tendencia similar, al caer un 1,3% en marzo respecto a febrero. Una mala noticia para una economía que descansa, en buena medida, sobre el sector exportador, que supone el 32% del PIB mexicano y que es, a su vez, el principal afectado por el anuncio de la Casa Blanca. EE UU es por mucho el mayor receptor, al ser el destino final del 73% de las exportaciones totales y del 81% de las no petroleras. Solo en el sector automotor, por mucho el más activo en el comercio bilateral, las ventas mexicanas al vecino del norte llegaron a los 93.000 millones de dólares en 2018.

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En este contexto delicado, los expertos apuntan a un impacto difícil de predecir, que puede ir desde un mero incremento de la incertidumbre en el mejor de los escenarios hasta una recesión económica en el peor. «Los aranceles estarían impactando al sector más importante de la economía, el manufacturero, en un momento en que la actividad está teniendo un comportamiento a la baja», apunta el economista Ignacio Martínez, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El calendario de subidas progresivas de tarifas -con un incremento del 5% al mes a partir del 10 de junio, hasta alcanzar un 25% en octubre- es una suerte de carrera contrarreloj para México: cuanto más se tarde en llegar a un compromiso, más se resentirá su economía.

El primer escenario, el de menor impacto, es la no entrada en vigor de las tarifas. Pese al escaso margen de maniobra para negociar apenas cinco días hábiles, los expertos coinciden en que es el más probable. Los lazos que atan a ambos países hacen que cualquier imposición tenga un efecto boomerang, con lo que el país latinoamericano no sería el único que se resentiría: «México se llevaría por mucho la mayor parte del daño, pero en EE UU no sería despreciable. Más del 40% de las exportaciones son de subsidiarias de empresas estadounidenses», asegura el economista Héctor Villarreal, director general del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CEIP), que ve muy poco probable que Trump acabe apretando el gatillo. En la misma línea, el representante del sector privado en las pasadas negociaciones del T-MEC, Moisés Kallach, también se muestra confiado en que el órdago no sea más que un farol: «La posturas radicales de Trump no son necesariamente posiciones de acción, sino de negociación». 

En caso de entrar en vigor la tarifa del 5% en junio, México se enfrentaría a un segundo escenario más complejo. A corto plazo, el impacto se puede traducir en una reducción modesta del PIB de una décima como mucho, agrega Villarreal. La depreciación del peso respecto al dólar —la fluctuación entre ambas monedas es libre— puede absorber la subida de tarifas y amortiguar el golpe, al menos inicialmente. Sin embargo, los expertos apuntan al incremento de la incertidumbre en un clima de confianza ya de por sí tocado. Según la encuesta de expectativas económicas que publica mensualmente el Banco de México, el 16% de los analistas consultados creía que el clima de negocios mejoraría, una caída de ocho puntos respecto a marzo. 

El gobernador del Banco de México, Alejandro Díaz de León, apuntó el jueves en esa dirección: «Cuando se producen ese tipo de anuncios, se produce mucha incertidumbre en cuanto al crecimiento, en cuanto al desempeño de las Bolsas», dijo. Villarreal coincide en señalar la confianza de los inversores como el principal problema a corto plazo. «Un arancel del 5% no es suficientemente grande para hacer descarrillar la economía, pero el gran problema es la incertidumbre que provoca. Los niveles de inversión son muy bajos y este mensaje puede paralizar aún más la inversión», asegura. 

A partir de junio, las presiones provocadas por los aranceles se pueden disparar. De proseguir el calendario marcado por Trump, hasta llegar al 25% en octubre, Ignacio Martínez cifra el daño a la economía mexicana en 3.000 millones de dólares solo por la pérdida de exportaciones de insumos y componentes. Además, ese impacto terminaría por llegar al bolsillo de los mexicanos en forma de inflación: «Las empresas van a tener que aumentar precios y de manera indirecta esto pegará a la canasta básica, principalmente vestidos, calzado y alimentos. El productor va a trasladar ese arancel a otros insumos que vende al mercado interior», apunta. En este escenario negro, que los expertos tachan de poco probable, la economía mexicana puede entrar en recesión y llevar a empresas a replantearse su presencia en México, según Villarreal. En el plano inflacionario, además, se produciría un efecto de segunda ronda: al caer el peso, subiría el valor de los muchos productos básicos de la canasta básica mexicana que son importados, precisamente, de EE UU.

Ante este escenario —potencialmente de pesadilla, parafraseando la ya célebre frase del ex gobernador del banco central mexicano, Agustín Carstens, antes de que Trump llegase a la Casa Blanca—, el Gobierno de México ha apostado hasta ahora por la contención y por apurar los tiempos antes de que entre en vigor el arancel. López Obrador ha enviado una carta a su homólogo estadounidense para pedir «diálogo» y su canciller, Marcelo Ebrard, ha volado este viernes a Washington para negociar una salida a la profunda crisis abierta en la relación bilateral.

Responder con una subida de aranceles similar «sería irse a la jungla», según dijo el jueves el experto negociador Jesús Seade. Sin embargo, de cumplirse la amenaza, el alto funcionario sí admite que México tendría que responder de forma «enérgica». Denunciar a EE UU ante la Organización Mundial del Comercio es otra opción. Pero hay más: Ignacio Martínez, de la UNAM, apuesta por un gravamen del 15% sobre los sectores y regiones donde descansan los mayores apoyos de Trump para así elevar la presión y que la Casa Blanca afloje la soga. Aunque, como casi siempre en comercio, esta decisión sería también un arma de doble filo.