Villarejo se escuda en el “secreto profesional” para no hablar de su relación con la ministra Delgado y Garzón

Tres horas de declaración y muchas respuestas evasivas. El comisario jubilado José Manuel Villarejo ha esquivado este miércoles todas las preguntas que le han planteado el juez de la Audiencia Nacional Manuel García-Castellón y los fiscales anticorrupción sobre la supuesta relación que mantenía con la hoy ministra de Justicia, Dolores Delgado, y el exjuez Baltasar Garzón. Para no contestar a ninguna de las cuestiones sobre ellos, el policía ha esgrimido su condición de abogado y el «secreto profesional». Villarejo, que permanece encarcelado desde su detención en noviembre de 2017, declaraba en esta ocasión por sus maniobras para impedir la extradición del empresario español Ángel Pérez-Maura reclamado por corrupción por Guatemala dentro de la pieza separada del caso Villarejo bautizada como Pit. El comisario ha encuadrado dichos trabajos como un servicio profesional por el que recibió pagos millonarios que ha admitido.

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Sobre Garzón, quien tras su salida de la judicatura montó un bufete, Villarejo ha admitido que mantuvo relaciones «profesionales» dada la condición de abogado de ambos y que, por tanto, se acogía al «secreto profesional» para no dar detalle sobre los mismos. Rafael Redondo, abogado y socio del policía también imputado en la causa, había admitido este martes que Villarejo y él habían intentado contratar sin éxito a Garzón para que les ayudara a impedir la extradición de Pérez-Maura, al que las autoridades guatemaltecas reclamaban por su presunta implicación en el supuesto pago de sobornos al presidente y la vicepresidenta del país centroamericano. Este miércoles, el comisario no lo ha negado y se ha limitado a decir que la afirmación de su socio había sido «información».

Interrogado sobre la identidad de a quien, en sus conversaciones grabadas, se refería como «el Mago» —uno de los alias que supuestamente se utilizaban para referirse a Garzón—, Villarejo ha negado que necesariamente tuviera que ser el exjuez. «Hay muchos magos en mi vida», ha ironizado para asegurar que también usaba ese apelativo para referirse a un agente del CNI o uno de los servicios secretos estadounidenses con los que tenía trato por su condición de policía.

Villarejo también se ha negado a contestar a las preguntas que los fiscales le han hecho sobre la identidad de «D2», el alias con el que supuestamente se refería en sus conversaciones grabadas a la ministra Delgado cuando esta estaba destinada como fiscal en la Audiencia Nacional. También en este caso, el comisario se ha escudado en el «secreto profesional» para no hablar de sus «vínculos» con la Audiencia Nacional y ha añadido que él, como otros policías, tenía contactos que le permitían acceder a hablar con jueces y fiscales de este órgano judicial.

Durante el resto de su declaración, Villarejo ha intentado justificar las maniobras que realizó a partir de 2016 para evitar la extradición del empresario español a Guatemala como un trabajo «absolutamente legal» del que, sin embargo, no fue capaz de recordar numerosos detalles por los que era preguntado. Así, ha afirmado no estar seguro de si el también empresario Adrián de la Joya, imputado en la causa y que supuestamente fue el intermediario entre Pérez-Maura y el policía, le pagó algo, aunque entiende que sí. También admitió haber cobrado por esos trabajos y destaca que el objetivo de los mismos, evitar la detención en España y posterior extradición de Pérez-Maura, se cumplieron en parte. Villarejo ha aprovechado esta nueva comparecencia —realizada desde la cárcel de Estremera por sus problemas de salud— para volver a denunciar una supuesta indefensión.