La policía guatemalteca detiene a Sandra Torres, candidata a la presidencia en las elecciones de agosto

Con las primeras luces del día y en cumplimiento de una orden de captura en su contra librada el viernes pasado por la jueza Claudette Domínguez, titular del Juzgado A de Mayor Riesgo, la excandidata a la presidencia de Guatemala, Sandra Torres Casanova, de 63 años, fue detenida la mañana de este lunes en su residencia de una zona exclusiva de esta capital. Sobre ella pesan señalamientos de financiamiento electoral no reportado y asociación ilícita, delitos por los que su partido político, la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) podría ser cancelado.

En las elecciones generales de junio, la UNE logró 52 diputados, el grupo mayoritario en un Congreso (legislativo, unicameral) de 160 escaños. Y en la segunda vuelta de las presidenciales, ya en agosto, Torres obtuvo casi el 42% de los sufragios frente al 58% de su rival y, a la postre, presidente electo, Alejandro Giammattei.

Torres abandonó su residencia bajo una importante custodia policial, que impidió a los periodistas acercarse a la excandidata para lograr algún comentario, precaución inútil dado el hermetismo de Torres que se limitó a decir “es un acto de persecución política”, mientras que en un comunicado de su partido se señala su detención y traslado a los tribunales como desproporcionada. “rechazamos esa medida innecesaria y desproporcionada”, se lee en el tuit de la página oficial de la UNE.

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Nada más llegar a la sede de los tribunales, Torres fue llevada a la zona donde la policía realiza el fichaje de los encartados, mientras fue visible la llegada de sanitarios para evaluar el estado de salud de la detenida. La hospitalización, para evitar el encarcelamiento, ha sido un recurso manido de varios arrestados en el país centroamericano.

Una fuente del organismo judicial informó de que para este lunes solo se tiene programada una audiencia para notificar a la política de las razones por las que se libró la orden de captura en su contra y deberá esperar, en un centro de detención todavía no establecido, a que se fije una fecha para escuchar su primera declaración.

Poder ilimitado

Durante la presidencia de su exmarido, Álvaro Colom (2008-2012), Sandra Torres ejerció un poder ilimitado, hasta el punto de manejar virtualmente el poder. “Incidía en que se despidiera a funcionarios sin contemplaciones, en ocasiones justificadamente y en otras basándose en un torpe criterio de fidelidad política”, escribe el exministro de Economía de la época, Juan Alberto Fuentes Knight, en su libro Rendición de cuentas.

Desde su posición de privilegio –“el presidente, el vicepresidente y la primera dama presidían la sesión”, cuenta Fuentes en el libro citado–, Torres aprovechó para implementar ‘programas sociales’ con el propósito nada disimulado de formar una sólida base de votantes para su futura candidatura, basada en ayudas económicas y en alimentos para grandes sectores desfavorecidos. Aunque logró una base importante de incondicionales, no le fue suficiente. En las dos últimas elecciones llegó a disputar el balotaje, pero fue derrotada por Jimmy Morales en las elecciones generales de 2015, y por Alejando Giammattei en agosto pasado. El antivoto, conquistado por su carácter autoritario y la sospecha de tener vínculos con regímenes izquierdistas como Daniel Ortega, en Nicaragua, o Nicolás Maduro, en Venezuela, pesaron más en la conservadora sociedad guatemalteca.

Queda pendiente la evolución del proceso en los tribunales, extremo que despierta alguna desconfianza merced a la indudable influencia de Sandra Torres en los poderes Legislativo y Judicial