Elecciones en Israel: empate en los sondeos y alarma en la región

Con un empate técnico en las encuestas, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, llega a las elecciones de pasado mañana sin perspectivas de poder conformar rápidamente una coalición de gobierno en caso de salir primero. Si los sondeos no fallan, la paridad entre Netanyahu y su rival directo, el general Benny Gantz, se expresará en la composición del próximo Parlamento y se repetirá la misma situación que en los comicios de abril: un bloqueo político para formar gobierno que solo podría destrabarse con una negociación entre los grandes partidos.

En busca de su quinto mandato, Netanyahu ya no tiene el aura de invencibilidad que ostentaba hace algunos años. A punto de cumplir 70 años, “Bibi” no solo arrastra el desgaste de diez años de gestión sino además varias denuncias sobre corrupción y fraude por las que pronto deberá responder ante la Justicia. Aún así, el líder del Likud se las arregla, una vez más, para seguir siendo competitivo.

Por segunda vez en el año, las últimas encuestas pronostican una elección peleada entre Netanyahu y Gantz, candidato de una alianza entre la derecha moderada, la centroizquierda y partidos árabes. Gantz, ex jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y ex aliado de Netanyahu, condujo la guerra de Gaza en 2014. En los comicios de abril pasado, el militar logró concentrar los votos anti Netanyahu y empató con el primer ministro en cantidad de escaños, lo que impidió que éste formara gobierno y forzó al llamado a nuevas elecciones.

La proyección de otro empate ha obligado a los candidatos a dirigir su discurso a un segmento del electorado de derecha radical que, aunque minoritario, puede resultar decisivo en el momento de buscar mayoría parlamentaria para gobernar. En particular, Netanyahu dedicó buena parte de la campaña a buscar los votos de la ex ministra laica de Justicia, Ayelet Shaked, estrella en ascenso de la derecha ultranacionalista.

En ese afán, “Bibi” hizo una promesa que provocó un rechazo inusualmente unánime en el mundo árabe. Dijo que, si vuelve a gobernar, anexará a Israel el Valle de Jordán palestino. El territorio pretendido por Netanyahu abarca la parte oriental de la llamada “Area C” de Cisjordania, de gestión exclusiva israelí, según los Acuerdos de Oslo. Es un territorio semidesértico de unos 2.500 kilómetros cuadrados habitado por 65 mil palestinos y 11 mil colonos judíos en varios asentamientos.

Todas las fracciones de la dirigencia palestina tomaron la promesa de Netanyahu como una declaración de guerra que dinamitaría cualquier intento de retomar el diálogo por la paz, ya que la anexión de un 30 por ciento de Cisjordania haría inviable la creación de un Estado palestino.

Ocurre que los colonos judíos son uno de los blancos electorales más atractivos para Netanyahu. De estas elecciones depende la supervivencia política del premier, lo que convierte al voto ultranacionalista en una prioridad para él. A tal punto que, con su apuesta electoral sobre el valle de Jordán, Netanyahu asumió el riesgo de poner en tensión uno de sus mayores éxitos diplomáticos de la última década: la alianza tácita con países árabes sunitas frente al enemigo común, Irán. Su propuesta anexionista ha disgustado incluso a Arabia Saudita, que rompió su largo silencio sobre la cuestión palestina para decir que anexar el Valle de Jordán sería una “violación de la legalidad internacional”, según los términos de una resolución firmada por los 22 miembros de la Liga Árabe.

Juego mayor. El estado de irascibilidad en la región no solo se ha visto estimulado por la campaña de Netanyahu, sino también por la incertidumbre que genera el llamado “acuerdo del siglo”: un supuesto plan de paz para Medio Oriente del presidente estadounidense, Donald Trump, cuyos detalles aún no fueron revelados por la Casa Blanca. Se sabe que el proyecto buscaría la normalización de las relaciones entre Israel y ese grupo de naciones árabes que ahora quedan descolocadas por la propuesta del premier israelí en torno al Valle de Jordán palestino.

Trump, quien buscará su propia reelección el año próximo, es el más firme aliado internacional de Netanyahu, a tal punto que el Likud se ocupó de exhibirlo como amigo a lo largo de toda la campaña. Luego de haber tomado la decisión de traspasar la embajada de los Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén, el mandatario estadounidense sigue haciendo guiños a “Bibi”. Apenas tres días antes de la votación, Trump declaró ayer que conversó con Netanyahu acerca de la posibilidad de avanzar en un “tratado de defensa mutua” con Israel.

Si ha llegado o no el fin de ciclo de Benjamin Netanyahu dependerá en buena medida de la dinámica de las negociaciones que se entablen entre los grandes partidos luego de las elecciones. Aunque muchos −propios y ajenos− quisieran verlo terminado, es posible que a “Bibi” aún le quede hilo en el carretel.

Claves

1 Israel votará pasado mañana luego de que, en los comicios de abril, ningún candidato obtuviera escaños suficientes para formar gobierno.

2 Según los últimos sondeos, otra vez habría empate técnico entre Benjamin Netanyahu y Benny Gantz.

3 Así, se produciría un bloqueo para formar una coalición que solo podría destrabarse con una negociación entre los grandes partidos.

4 Para salir de la paridad, Netanyahu radicalizó su discurso en busca de votos de extrema derecha y prometió anexar el Valle de Jordán palestino.

5 Su arriesgada apuesta electoral puso en tensión la alianza tácita que mantiene con países árabes sunitas como Arabia Saudita, que emitió una inusual condena al plan.