Alberto Fernández cierra filas con los gobernadores peronistas

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Salvo un tsunami electoral, Argentina volverá a ser peronista a partir del 10 de diciembre. Alberto Fernández seguramente sucederá ese día a Mauricio Macri en la presidencia. El debate político no pasa hoy por las posibilidades de Macri de dar vuelta la abrumadora derrota que sufrió el 11 de agosto en las primarias, un ensayo general de lo que pueden esperar los argentinos en las generales del 27 de octubre. La duda es hasta donde gravitará Cristina Fernández de Kirchner sobre el hombre al que acompañará como vicepresidenta. Alberto Fernández dio este martes en Mendoza (oeste de Buenos Aires), pistas firmes sobre el nuevo esquema de poder que imagina.

Con la excusa de que el domingo el peronismo disputará a Macri la gobernación de la provincia, el candidato kirchnerista reunió al pie de la cordillera de los Andes una docena de gobernadores, que son el verdadero poder territorial de un país enorme como Argentina. El mensaje ha sido doble: apoyar a la candidata peronista Anabel Fernández Sagasti y mostrar al electorado indeciso que no será Kirchner quien sostenga el bastón de mando si finalmente llega a la Casa Rosada.

Argentina es por mandato constitucional un país federal. Las 24 provincias que la integran tienen leyes propias y control sobre sus políticas de Estado. Cuando se acaba la letra, sin embargo, lo que se ve es un país concentrado en Buenos Aires, donde vive el 40% de la población del país, y provincias con graves problemas de desarrollo que dependen de los fondos que les envía el Estado nacional. El reparto de esos recursos, que se supone regulado por una ley de coparticipación federal, ha sido arma de adoctrinamiento de gobernadores. Los “amigos” de Buenos Aires reciben más y los “enemigos” menos.

Los gobernadores no tienen los mejores recuerdos del kirchnerismo, incluso los peronistas. Lo primero que hizo Macri fue normalizar el reparto de dinero, al punto que la mayoría de las provincias llevan cuatro años de superávit fiscal. El resultado se reflejó en las urnas, con la reelección de las fuerzas territoriales gobernantes, muchas de ellas peronistas o de partidos aliados.

Paradojas de la política, los éxitos regionales son ahora un lastre para Macri y una herramienta de gobernabilidad para Fernández. Todos los gobernadores, con excepción de la provincia de Buenos Aires y la capital, adelantaron sus elecciones para no ser arrastrados por el descrédito de Macri. Incluso se despegaron los aliados, como el mendocino Alfredo Cornejo, del partido Radical, integrante de la alianza oficialista Cambiemos, rebautizada como Juntos por el Cambio para estas elecciones. Es probable que este domingo gane la elección el delfín de Cornejo, Rodolfo Suárez. De todas formas, Alberto Fernández hará el intento de arrebatar para el peronismo una de las últimas perlas regionales que le quedarán al macrismo a partir del 10 de diciembre.

«Mendoza ha vivido un tiempo caracterizado por estas políticas que nos llevaron al desastre», dijo el candidato, en un pequeño mitin al pie de la cordillera y rodeado de viñedos. Alberto Fernández se sacó una foto que resumió el poder que pretende reunir. Juntó sobre el escenario a 10 gobernadores reelectos y tres candidatos, además de la anfitriona Sagasti. Otros cuatro avisaron de su ausencia por obligaciones electorales en sus distritos o cuestiones de salud.  A cambio, Fernández les garantizó que, si llega al Gobierno, la gobernabilidad será un asunto compartido. Firmó para ello un compromiso donde ofreció un modelo de capital rotativa, con reuniones de Gabinete fuera de la capital. Circula incluso la idea de que algunos ministerios, como los de Energía o Agricultura, se muden al interior del país, más cerca de sus zonas de influencia.  «Argentina dice ser un país federal, pero en realidad no lo es. No tengan dudas, vamos a ser un país federal de verdad», dijo Fernández.

El peso de los gobernadores será clave en un eventual Gobierno de Fernández. Para el candidato, se trata de buscar apoyos en las estructuras tradicionales del peronismo, aquellas que se muestran más firmes cuando la crisis arrecia. Y, al mismo tiempo, evidencian el esfuerzo de Alberto Fernández por convencer a un electorado que lo considera títere Cristina Kirchner. Faltan poco más de un mes para las elecciones presidenciales y casi tres para el traspaso de mando, pero las urgencias económicas estrechan el margen a las improvisaciones.