La noche que murió Lady Di, Jacques Chicac estaba con una famosa actriz

Jacques Chirac, fallecido a los 86 años, es recordado por ser el hombre que gobernaba Francia cuando murió la princesa Diana en París, hace 22 años. Él recibió al príncipe Carlos y a las hermanas de Diana, lady Sarah y lady Frances, en el hospital parisino donde les esperaba el cuerpo sin vida de la princesa y escoltó el féretro hasta el aeropuerto, desde donde Diana sería enviada a Londres.

Por entonces, se rumoreaba que el mandatario mantenía un romance con una reconocida actriz francesa y aquella madrugada hubo un enorme revuelo cuando el Palacio del Elíseo conoció la noticia de la muerte de Diana y nadie supo decir dónde estaba el presidente. Biógrafos de Chirac, como Franz-Olivier Giesbert, periodista de Le Figaro, llegaron a afirmar que el presidente estaba esa madrugada fatal en compañía de Claudia Cardinale, una belleza que siempre negó su relación con el político, pero a quien la primera dama, madame Chirac, siempre evitó tener cerca.

Jean-Claude Laumond, antiguo chófer personal de Chirac, recordaría años más tarde las frecuentes “idas y venidas nocturnas” del presidente francés, y recordó que se encontraba de guardia el 31 de agosto de 1997 en el Palais de Matignon, residencia oficial del primer ministro (por entonces, Lionel Jospin). Según su relato, un miembro del Gabinete intentó en vano comunicar la noticia al presidente de la República y a su jefe de Gobierno, Jospin, que volvía de vacaciones. Chirac no estaba en el Elíseo ni en su domicilio privado. La primera dama, Bernadette, tampoco sabía donde estaba su esposo. Unas horas después, los canales de televisión de todo el mundo mostraban imágenes de Chirac acompañando al Príncipe de Gales en el hospital Pitie Salpetriere, donde Diana había muerto.

Si bien Jacques y Bernadette formaron una pareja política indestructible durante más de medio siglo, el expresidente fue un seductor empedernido que nunca ocultó su pasión por las mujeres bellas. Casi octogenario, incluso, fue sorprendido nuevamente en flagrante delito de seducción en 2009. Mientras su esposa está a punto de pronunciar un discurso oficial, el expresidente, sentado detrás de ella, bromea con su encantadora vecina rubia susurrándole al oído. «Sabe, hay que tener cuidado con las mujeres», le dice, frase captada por una cámara de televisión, rapidamente interrumpida por una mirada furiosa de Bernardette.

«Tenía mucho éxito. Atractivo y muy juguetón, alegre, las chicas lo perseguían», reconoció la que fue su esposa durante 63 años, en un libro de Memorias publicado en 2001. Según los cronistas de sociedad francesa, Jacques Chirac era muy discreto sobre sus conquistas, entre las que había mujeres de la jet-set, de la política, periodistas y activistas, a las que solía recibir en un departamento privado, según uno de sus más fieles colaboradores en su libro «Presidente, llegó la noche». «Cuando tenía una cita con una mujer, era al minuto», cuenta un antiguo chófer del presidente. «Lo dejábamos y nos daba un horario exacto. Lo último que podíamos hacer era llegar tarde». Esto le valió el apodo irónico de «cinco minutos, ducha incluida» en el mundillo parisino.»Los hombres, esos cavernícolas»

Interrogada por la prensa durante un viaje a la cuidad de Correze, Bernardette ironizará ante los periodistas: «Vinieron en pelotón, no soy Claudia Cardinale». «Al principio fue duro, me entristeció. Y luego me acostumbré. Me dije a mí misma que así era, y que había llevarlo con la mayor dignidad posible», dijo la exprimera dama en un documental en 2016, revelando que había pensado en divorciarse pero que nunca se decidió a hacerlo. «No lo hice porque, ante todo, soy católica practicante y creo que la formación que recibimos cuando somos niños es indeleble. Y la verdad es que estaba muy enamorada de mi marido».

Comprometida con la política, consejera municipal desde 1971 y primera mujer consejera general de Correze en 1979, donde ejerció un mandato local hasta 2015, Bernardette sabe que su pareja está cimentada por los años de conquista y ejercicio del poder. «No era sólo un matrimonio de amor sino un matrimonio de ambición», destaca esta mujer, dotada de un sentido político intachable, muy respetada y apreciada por los franceses, sobre todo por el éxito fulgurante de su «operación moneditas», colecta anual para niños en hospitales que lanzó en 1990. «No odié a las mujeres. Pero nunca he abusado de ellas», se justificó Chirac al final de su vida. «Nosotros, los hombres, somos los Cromañón de la prehistoria. Siempre cazando y persiguiendo. Pero al final tenemos que volver a nuestra cueva”, dijo refiriéndose a su esposa. “Yo necesito esta cueva para encontrarme. Sin ella, sería un alma en pena”.