Preguntas y respuestas para comprender la crisis chilena

Las violentas y masivas protestas en Chile, que ya dejaron 11 personas muertas y cientos de detenidos, empezaron por la suba de unos 5 centavos de dólar en un pasaje de Metro de alrededor de 1 dólar. Por redes sociales, se inició una campaña para evadir el pago de manera masiva, lo que alentó a los estudiantes y grupos radicales de tendencia anarquista (hace mucho que operan en Chile prácticamente sin adhesión alguna) para encender el primer indicio de descontrol público.

¿Los manifestantes son estudiantes y autoconvocados o pertenecen a agrupaciones políticas/sociales?

Hay de todo. Estudiantes y autoconvocados comenzaron el movimiento y las organizaciones antisistema (y anti-gobierno, por supuesto) se colgaron con reivindicaciones de todo tipo. A esto posteriormente se sumaron grupos importantes  de una clase media nueva que, más allá de haber ganado en comodidades materiales, tiene una identidad feble y una tremenda falta de certezas de todo tipo.

Escuchamos mucho hablar de la “desigualdad” entre clase alta y baja en Chile, ¿cómo es eso?

Sí, la desigualdad es mucha, pero también es cierto que la desigualdad es menor que hace 20 años. Sin embargo, el problema es que esto no se arregla desde la política. Es algo más antiguo, más profundo y mucho, mucho más difícil de discernir para los políticos, que entienden  el qué pero se desentienden del por qué. No lo saben y porque no lo saben no van a ser capaces de resolverlo. Esto tiene que ver con el previo ascenso y la posterior desilusión de una nueva clase media surgente, que se encontró con asomos de prosperidad y cierto prestigio social incipiente pero no pudo salir de un estatu-quo de fragilidad: sueldos regulares, hiper endeudamiento, pobre atención de salud, costos muy altos en la educación universitaria, jubilaciones insuficientes. Y una inmensa necesidad de reconocimiento y contención.

Si la protesta empezó por el aumento del metro, ¿por qué continúa y cada vez peor, si el aumento se suspendió?

Porque el aumento del metro solo fue la excusa para salir a la calle de un grupo de Whatsapp que, de manera sorprendente y súbita, inflamó a muchos otros grupos, que a su vez contagiaron a otros… y no paró más. Sin embargo no hay que quedarse en esa superficie. Lo importante aquí es que, como decía Zigmund Bauman, hoy la identidad se construye desde el consumo, especialmente desde el consumo de marcas porque las marcas generan identidad. No se trata de la enfermedad del consumo, sino de la necesidad de pertenecer, y el consumo de marcas es una vía rápida -y muchas veces posible aunque efímera- para sentirse parte, para pertenecer, para ser visibilizado.

Cuarta noche de toque de queda en Chile tras los peores disturbios en décadas

Izquierda y derecha les prometieron terminar con los abusos (de hecho eso era exactamente el slogan de la campaña de Michele Bachelet hace seis años)  y por eso votaron a Sebastián Piñera de nuevo. Piñera prometía un mejor trato para la clase media, pero no tuvo en cuenta que esa clase media lo necesitaba de manera fulminante, y -por la absoluta apertura de la economía chilena- la promesa no se pudo cumplir, además de la existencia de una oposición mayoritaria e implacable, que hasta el día de hoy le metió palos a la rueda trabando cualquier cosa que propusiera el oficialismo.

¿Por qué comparan estas medidas con la dictadura y por qué Piñera habló de una “guerra”?

Porque hay militares en la calle y eso es una herida que la mitad del país aun tiene viva y sangrando. Piñera habló de una «guerra» porque los servicios de inteligencia aparentemente detectaron tráfico inusual de ciudadanos cubanos y venezolanos por la frontera norte. Según sé, el gobierno cree -y tal vez ni siquiera esté tan desacertado- que en todo este proceso cruento están interviniendo asesores de esos países, tal como aparentemente hace unas semanas lo habrían hecho en Ecuador.

¿Qué podemos esperar para los próximos días? Hay salida a este conflicto?

Imposible saberlo. La enorme mayoría de los chilenos no quiere violencia sino reconocimiento y trato justo pero, a la vez, la presencia de carabineros y militares los encona. Francamente es muy difícil predecir cómo va a terminar esto. Lo cierto es que, aparte del lumpen violento, los que están en la calle son personas muy adoloridas, muy defraudadas por lo que les prometieron y no pudieron cumplir (Bachelet y Piñera, para que nos quede claro, izquierda y derecha), con su identidad frágil y desvaída. Y una enorme necesidad de certezas. Lo que si se puede asegurar es que ha empezado otro Chile, tal vez mejor (si se impone la buena voluntad) y tal  vez peor (si se imponen los extremos, si se fragiliza la República).

E.R./D.S.