Mariano Turzi: «China entendió muy bien que Hollywood es la fábrica de sueños”

Mariano Turzi quiere popularizar las Relaciones Internacionales. Con ese objetivo, publicó recientemente el libro Cómo los superhéroes explican el mundo, donde une los íconos de la infancia con los conocimientos más rigurosos de la academia y la política internacional.

Superman, Batman, Flash, el Hombre Araña, X Men, la Mujer Maravilla, el Capitán América, Fu Manchú y el Eternauta son algunos de los personajes que acuden al rescate de conceptos como realismo, liberalismo, hegemonía, globalización y, además, contribuyen a entender la coyuntura actual de Estados Unidos, China y América Latina. “El libro está construido de una manera muy seria, tanto en la selección de los temas como en la división interna que tiene y en el tratamiento que se le da a la cuestión —asegura en diálogo con PERFIL—. La academia no tiene que aplastar el asombro, ser riguroso en la investigación no quiere decir ser rígido en el pensamiento. Exhaustivo pero no excluyente”.

“Sufrí en carne propia la idea de que la academia es una especie de secreto sacerdotal accesible a unos pocos iluminados y que el resto son unos ignorantes que no tienen derecho siquiera a preguntar. Eso me parece terrible y más en un mundo que nos puso a dar clases en piyamas. Hasta el propio Einstein decía que si no podés explicar un concepto fácilmente es que no lo entendiste lo suficiente”, reflexiona el profesor de la Universidad de Deusto, de UCEMA y UNICEN.

—¿Por qué un libro de superhéroes y política internacional?

—Porque es divertido. Es una deuda conmigo mismo de cuando era chico. Todos tenemos una historia afectiva con los superhéroes, pero esa historia en realidad tiene un sustrato académico muy fuerte. Los superhéroes son arquetipos modernos que resuenan en la historia de la humanidad. Superman es como Zeus. Vos lees los mitos griegos y tienen esa misma resonancia. Este es un libro para la gente que ha vivido con los superhéroes y le gustan las relaciones internacionales. Es más fácil entender la hegemonía a través de Superman que a través de Kenneth Waltz. ¿Qué quiero decir con esto? ¿Que lo de Waltz no sirve? Todo lo contrario. Yo uso a Superman, pero abajo de la capa de Superman tenés toda la estructura de Waltz.

¿Qué cosmovisiones o valores de los superhéroes ayudan a explicar el mundo actual?

—Los superhéroes, al ser en general norteamericanos, transmiten una cosmovisión propia de Estados Unidos. Esto hay que reconocerlo. Así como los dioses griegos transmitieron los valores helénicos, los dioses modernos o los superhéroes transmiten los valores de la superpotencia. Pero yo tengo un capítulo sobre América Latina que está construido a partir de la figura de Juan Salvo, el Eternauta. Porque ahí no tenés un superhéroe, tenés un héroe colectivo. El lugar de América Latina en el mundo es muy parecido al derrotero de él frente a un sistema internacional de corte global hostil. Él reacciona ante una invasión alienígena. Juan Salvo no tiene ningún súper poder. Así como Salvo sobrevive y busca a su familia, objetivos completamente diferentes que los que tienen Superman o Batman, América Latina no tiene el objetivo de ser una superpotencia, sino de crearse un lugar autónomo como rule taker, en un mundo cuyas reglas no determina.

¿Cómo inciden las narrativas de estos productos culturales estadounidenses en la competencia estratégica y global entre Estados Unidos y China?

—Tengo dos capítulos sobre EE.UU: uno para explicar la hegemonía norteamericana con Superman y el otro para explicar la declinación norteamericana con el Capitán América. Se llama el Capitán América se jubila. Con respecto a China mi capítulo es con Fu Manchú. Fu Manchú, que no es un superhéroe sino un villano, tiene todos los sesgos del etnocentrismo occidental y de la construcción de lo que se denominó el peligro amarillo. Esto no es nuevo. Las fuentes de la conducta soviética, el viejo artículo de George Kennan en Foreign Affairs, también le adscribía a Rusia cuestiones particularmente comunistas o rusas, eslavas. No una cuestión de competencia de poder solamente. Ahí en el capítulo de China vos ves que en Avengers hay un parlamento donde Tony Stark discute en los medios con el Mandarín y lo amenaza de muerte. De la competencia bipolar te diría que se ve claramente en Avengers este quiebre muy fuerte frente a un enemigo contra el que vale todo. Por supuesto, China no se ve a sí mismo de esta manera. China se ve resurgente. No hay un Hades versus Zeus que nos permita entender a la manera de Graham Allisson o de Tucídides una trayectoria declinante o ascendente. Pero sí nos ayuda a comprender toda esta cuestión de narrativas. Hay algo muy claro que es el maniqueísmo. Estados Unidos se construyó a sí mismo siendo los buenos, los justos, los sabios, los nobles. Los superhéroes son todos buenos, lindos, nobles. Y los súper villanos son feos, malos, traidores. Esto no sirve para lidiar con China.

En la Guerra Fría las películas de Hollywood también demonizaron a la Unión Soviética. ¿Por qué en su momento funcionó y ahora no serviría, según tu mirada?

—No funciona porque hoy las películas de superhéroes son bastante más complejas. Este es el mundo de los superhéroes en interdependencia y globalización. Te voy a dar un ejemplo. Un informe de una ONG europea muestra cómo la producción de automóviles de lujo en Italia demanda cuero, por el cual se está destruyendo el Chaco paraguayo. Están avanzando sobre la selva con ganado y dos tercios del cuero después va a Italia. Esa interdependencia compleja que genera la globalización hace que hoy sea mucho más difícil separar y decir: éstos son los buenos y éstos los malos. Hoy, donde las cadenas globales de valor están integradas, donde la gobernanza global es interdependiente, te cuesta mucho más. Vos no podés tener una Cortina de Hierro y decir de acá para allá somos todos Occidente, de acá para allá comunistas.

¿Qué objetivos políticos, económicos y culturales tiene China a la hora de invertir tanto en industrias culturales?

—China entendió muy bien que Hollywood es, como se dice, la fábrica de sueños. Hollywood es el instrumento por excelencia de soft power o poder blando. A los superhéroes los tomo no sólo en su dimensión simbólica, arquetípica, sino también en su dimensión comercial. China está invirtiendo muy fuertemente por dos cuestiones. En el nivel político, empieza a presentar al mundo su propia narrativa. Hay una película muy exitosa este año que se llamó El Lobo Guerrero, que después se transformó en una palabra que se utilizó para diplomacia. Pero también hay un negocio muy grande acá. Tanto India como China son los lugares de donde los estudios están sacando sus mayores ganancias. Entonces, para no perder ingresos de China, los estudios retocan los finales, los personajes, incluso reescriben los guiones. ¿Por qué? Porque hay una cuestión de mercado. Le tenés que vender a los chinos. En Hollywood, los malos primero eran los indios, después los alemanes, los soviéticos, después hay un interregno donde aparecen orientales en la selva, Afganistán trayendo Medio Oriente que después cambia a terrorismo, y en el interregno de la Guerra Fría empieza el espacio. ¿Y qué tenés ahora? La naturaleza volviendo con una venganza: apocalipsis, zombies, enfermedades, cambio climático, llegadas planetarias destructivas.

Con el Capitán América se jubila explicás el declive de Estados Unidos. En la campaña presidencial estamos observando no sólo un declive de poder a nivel internacional sino también en sus instituciones domésticas. ¿Cómo evaluás ese declive?

—Hay dos declinaciones que tiene el Capitán América: la relativa y la absoluta. La declinación absoluta de Estados Unidos es la que vimos en el debate. La relativa es el ascenso de otros. Ahora tenés que compartir un mundo con China, con Japón, Alemania, Turquía, Brasil. Pero lo que vimos en el debate fue directamente declinación absoluta. Tenés una sociedad polarizada, un gobierno paralizado. Son signos más parecidos a la declinación del Imperio Romano. Eso no lo tenés en los superhéroes, tenés que ver Watchmen para eso. Fijate qué interesante porque Watchmen está construido alrededor de Richard Nixon, que es el punto más bajo de la confianza del público norteamericano en sus instituciones, epitomizado con el Watergate.

¿Por qué si los chinos están invirtiendo tanto en soft power, en Occidente y América Latina no hay la penetración cultural que tenemos de Estados Unidos?

—Dos cuestiones: una comercial y otra cultural. La comercial es que los chinos están aprendiendo y lleva tiempo. Héroes o personajes icónicos de películas tenés a Bruce Lee, Jet Li, Jackie Chan. Después hay una distancia cultural. Y después hay una cuestión que no es solamente cultural, sino comercial. Hollywood viene haciendo esto hace mucho tiempo. Y hay algo que es puramente norteamericano. Estados Unidos es una sociedad basada en la oposición maniquea propiamente cristiana. Los buenos son muy buenos, los malos son muy malos. Esas narrativas venden mucho. Esta es la potencia que le ganó la Segunda Guerra Mundial a Hitler. ¿Qué tiene de bueno Hitler? Nada. No solamente era expansionista territorial y económico: era un genocida. Entonces por todo lo malo que le puedas achacar a los Estados Unidos de ese momento, siempre vas a tener el terreno moral alto frente a Hitler. A China no le es tan fácil este maniqueísmo. Pero sin duda están mejorando muchísimo. Fijate que en política exterior, la idea de win win, ganar ganar, es algo que no solamente contempla los intereses de tu socio, sino que también es un marco mental distinto.

Últimamente el maniqueísmo de Hollywood parece estar empezando a matizarse. Te pongo el ejemplo de Karate Kid y Cobra Kai. ¿Esos matices tienen que ver con el declive de Estados Unidos?

—Esto va a quedar para el libro series de la infancia. Johnny Lawrence es el votante de Donald Trump. Vos lo querés a Johnny porque te das cuenta que es un tipo al que la globalización lo dejó afuera. Y favoreció a Daniel Larusso, que tiene una concesionaria de autos y se volvió rico y vive como las elites cosmopolitas de Barack Obama y Oprah Winfrey. Y lo odias. Y decís: ¿cómo puedo odiar al que era mi héroe de chico? Y ahora se volvió una porquería globalizadora antinorteamericana. Hay una escena genial donde ellos van en el auto escuchando REO Speedwagon y vos decís “esto es lo que necesita Estados Unidos”. Que se junten los Johnny y los Larusso, los perdedores de la globalización, esos deplorables como los llamó Hillary Clinton, y las elites globalizantes. Pero hoy estos dos están peleando en la calle. Cobra Kai preanuncia lo que pasa en la calle. El dojo de Cobra Kai y el que se arma Larusso son los muchachos que están enfrentados en las manifestaciones.

¿Cómo puede Argentina maximizar su relación con China sin malograr su relación con Estados Unidos, en un contexto de competencia global cada vez más exacerbada?

—En contexto de bipolaridad a la región latinoamericana y a la Argentina no les ha ido bien. Tus espacios de autonomía se reducen. Cuando Superman pelea contra el General Zod toda la ciudad es arrasada. Y nosotros somos la ciudad. Para la Argentina vienen tiempos muy demandantes. Cada vez más lo que Argentina haga con Estados Unidos, será leído contra China. Y viceversa. Cuarenta minutos del presidente Alberto Fernández con China levantan todas las alarmas en Estados Unidos. Pero no porque el presidente Fernández esté conspirando con China para socavar a EE.UU, sino por el contexto estructural de conflicto entre las dos potencias. Eso es muy problemático. ¿Cómo se resuelve? Depende del gobierno de turno. Otra de las cuestiones que trato de alertar a mis lectores y a mis estudiantes es que un académico no puede dar en Relaciones Internacionales una receta como si tuviera un óptimo paretiano independiente del tomador de decisiones. Yo le puedo decir creo que hay un contexto bipolar que reduce la autonomía, pero el tomador de decisión tiene otro set en la cabeza.