Reconfiguración del poder europeo

El legado de Angela Merkel es innegable. La herencia está definida por su particular estilo de gobernar, que hizo emerger términos como “merkelizar”, en relación a su forma de hacer política resolutiva, sin demostraciones innecesarias de fuerza ni conflictos directos.

Desde su irrupción como canciller, se preocupó particularmente por mantener al país en equilibrio, que durante su mandato se encontró en más de una oportunidad frente a diversas crisis: la recesión económica que atravesaba al país durante el momento de su asunción (2005), la crisis financiera de 2008, la del euro (2010), la de los refugiados (2015) y la de la pandemia, entre otras, que pudo gestionar y dar respuesta efectiva, logrando salir de ellas con su figura fortalecida.

Al margen de los elogios y las críticas que Merkel pueda cosechar, la incógnita principal de hoy es si el nuevo gobierno que surja de las urnas reflejará un cambio en la correlación de fuerzas partidarias del sistema político alemán que deje a los partidos conservadores en la oposición.

Por más que cueste comprenderlo para quienes estamos acostumbrados a un sistema presidencialista, los dos candidatos con mayor intención de voto hoy en Alemania son oficialistas: Olaf Scholz, quien encabeza los sondeos, representa a una de las fuerzas de la actual coalición, la socialdemocracia, que ha sabido capitalizar los aciertos del gobierno de Merkel y mostrarse como una suerte de heredero de su liderazgo. El candidato de la Unión, Armin Laschet, también oficialista, se impuso sobre el ala más derechista del partido representada por Markus Söder y ha sorteado esta campaña con bastante dificultad, forzando a una participación cada vez mayor de Merkel en los últimos tramos de campaña.

La tercera fuerza que les sigue muy de cerca es el Partido Verde, que lleva a Annalena Baerbock como candidata. Este partido tuvo un gran comienzo de campaña, llegando a encabezar los sondeos por un breve período de tiempo, pero luego perdió popularidad frente a algunas acusaciones recibidas por la candidata, entre ellas, de plagio en un libro de su autoría publicado recientemente.

Las últimas encuestas le otorgaban a los socialdemócratas un 28% de votos, mientras que la Unión cosechaba un 24%. Los Verdes le siguen en tercer lugar con 17%, los liberales (FDP) luego con 12/13%, la extrema derecha con 12% y luego el partido de izquierda Die Linke con el 7% de los votos.

Como mencionamos, la principal incógnita radica en qué partidos formarán la próxima coalición de gobierno. Con los números expuestos hay varias configuraciones posibles, en las que se advierte la participación de, al menos, tres partidos. 

La posibilidad de un gobierno progresista en Alemania se suma a la ola que baja desde los países nórdicos, en los que, luego de las elecciones noruegas y después de 60 años, los partidos de izquierda lograron encabezar el gobierno, tanto en Dinamarca, como en Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia.

El fin de la era Merkel marca a fuego estas elecciones, a la política alemana y a la europea. Más allá del gobierno alemán, se está generando una reconfiguración de poder a nivel continental en Europa. Sin Merkel con su liderazgo claro, queda pendiente observar cómo se rearmaran las piezas en el viejo continente y que figuras ocuparán el vacío que ella deja. n

*Directora del Observatorio Electoral de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (Coppal), Directora Ejecutiva de Política Institucional de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y Miembro de la Red de Politólogas.

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