El ‘caso Nisman’, un misterio argentino

Cada país tiene sus misterios. Sobre Argentina planea desde hace cinco años el del fiscal Alberto Nisman, hallado muerto en el baño de su apartamento la noche del domingo 18 de enero de 2015, con un tiro en la cabeza. La justicia abrió en 2018 una causa por asesinato en la que están procesados sus guardaespaldas, y el informático que le prestó el arma. No hay presunto asesino. ¿Se suicidó Nisman o fue asesinado? Y de tratarse de un crimen, ¿quién lo cometió?

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Un enigma en el que se adentra la serie documental El fiscal, la presidenta y el espía de Justin Webster (Muerte en León) que ha trabajado en ella cuatro años. Emitida en España por Movistar +, la serie de seis capítulos va desplegando las sucesivas capas de misterio que se esconden tras la muerte del fiscal. Porque Nisman, de 51 años, llevaba diez al frente de una oficina con más de 40 personas, dedicado a investigar el atentado terrorista que destrozó la sede de la Asociación Mutual Israelí Argentina (AMIA) el 18 de julio de 1994 matando a 85 personas. Un atentado planificado por Irán, según diversos servicios secretos internacionales y según el propio Nisman, pero un caso estancado.

Y, sin embargo, en vísperas de su muerte, el fiscal había dado la campanada al acusar a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y a varios miembros de su Gobierno de un intento planificado de exculpar de la masacre al Gobierno de Teherán. Y el lunes 19 de enero iba a intervenir ante una comisión especial del Congreso para detallar las pruebas en las que basaba su acusación.

El fiscal, la presidenta y el espía reúne una impresionante cantidad de material filmado, de distintos archivos, además de entrevistas a una multitud de personas ligadas a Nisman y al atentado de la AMIA. Abogados, fiscales, políticos, periodistas, miembros del FBI y la CIA, y hasta el actual presidente argentino, Alberto Fernández, aportan algunas piezas (contradictorias casi siempre) al gigantesco rompecabezas. No falta tampoco el espía al que hace referencia el título. Antonio Horacio Jaime Stiuso, un personaje sumamente inquietante, de sonrisa burlona, sobre el que parece pivotar toda la historia. Antiguo responsable del contraespionaje argentino con décadas de experiencia, bien conectado con la CIA, Stiuso llevaba investigando el atentado de la AMIA desde el principio y era el informador esencial de Nisman.

A medida que se suceden los capítulos, la serie se convierte en un descarnado retrato de la política argentina y de su peso distorsionador en el suceso. Desde un principio, sin datos aún sobre lo sucedido, la muerte de Nisman dividió a políticos, periodistas, miembros de la judicatura y a la sociedad argentina en pleno. Para unos, se trataba de un crimen evidente. Para otro era un claro suicidio. Y la política parece explicar los bandazos de un caso que de «muerte dudosa» pasa a ser calificado de asesinato tras la llegada al poder de Mauricio Macri. En cuanto a la figura de Nisman, dependiendo de quien hable, oscila entre el héroe, capaz de un acto tan arriesgado como denunciar a la presidenta argentina, y la marioneta en manos de los servicios secretos que acabó por abrasarse en el incendio político que él mismo provocó.

Un hombre coqueto que usaba lentillas de colores y que disfrutaba de vacaciones de lujo con jóvenes modelos, y cuyas finanzas no eran todo lo transparentes que podría pensarse. El fiscal guardaba casi 700.000 dólares en una cuenta bancaria en Nueva York, a nombre de su madre, su hermana, y el técnico informático procesado por colaboración necesaria en el crimen, ya que prestó a Nisman la pistola de la que salió el tiro mortal. Separado de su mujer, una juez federal, el fiscal se nos muestra también como un padre amoroso, preocupado por la seguridad de sus dos hijas. Y dedicado en cuerpo y alma a una investigación tortuosa, en contacto permanente con servicios secretos, informantes, y con el peso de todas las miradas sobre él.

El documental aborda también la oscura cuestión del memorando que motivó la denuncia de Nisman. Un acuerdo firmado en 2013 entre los Gobiernos de Argentina e Irán, que en principio debía de facilitar la investigación de la masacre de la AMIA, al permitir a los investigadores argentinos interrogar a diversos sospechosos en Teherán. Aunque no llegó a aplicarse, el memorando fue denunciado por diversos sectores como mera tapadera para exonerar a los culpables, y limpiar la imagen de Irán. Nisman aseguraba que el acuerdo había ido acompañado de una petición a Interpol para que retirara las órdenes de detención internacional que pesaban sobre los acusados iraníes, en caso de salir de sus fronteras. Un extremo rechazado por el que fuera secretario general de Interpol en esos años, Ronald Noble que, sin embargo, no ha podido ser entrevistado en la serie.

El documental no apuesta por ninguna teoría, y no llega, obviamente, a ninguna conclusión. Es escrupuloso además en cuanto a la paridad de testimonios entre defensores del asesinato y del suicidio. Frente a la cámara, sin embargo, las explicaciones de quienes aseguran que a Nisman lo mataron resultan poco convincentes, y sumamente débiles las pruebas que han permitido abrir una causa por asesinato.