Retos internacionales de Marruecos

La estratégica ubicación de Marruecos –en la intersección de Africa, Europa y el mundo árabe, y bordeando el Mediterráneo y el Atlántico–, lo ha expuesto a periódicas invasiones extranjeras.  Así, el secretario de Estado Henry Kissinger escribió que durante el último siglo, Marruecos ha estado en la intersección de las grandes estrategias de otras naciones, lo que ha obligado a sus gobernantes a navegar con habilidad, astucia y confianza en sí mismos. Durante las últimas décadas, sin embargo, la política exterior del reino de Marruecos ha forjado y seguido una estrategia propia, enfocada en la defensa tenaz de sus objetivos e intereses. 

La alta exposición internacional de Marruecos, data de hace siglos, cuando el territorio del imperio almorávide –centrado en Marruecos– se extendía desde Mauritania hasta Argel. A su vez, fueron ejércitos almorávides procedentes de Marruecos los que invadieron España, estableciendo Al-Andaluz (Andalucía), y luego llegando a conquistar Zaragoza. Marruecos goza también de una legitimidad milenaria, con la dinastía alauí reinante actual, habiéndose establecido en 1667. Solamente Japón tiene una dinastía reinante más antigua. 

Sin embargo, el territorio de Marruecos fue dividido, entre Francia y España en 1912, en dos protectorados. Francia quedaría con la mayoría del territorio, mientras que España se quedaría con una franja al norte sobre el Mediterráneo – incluyendo Rif y Yebala–, contiguas a sus ciudades-puerto de Ceuta y Melilla, pero sin incluir a Tánger, que gozaba de un estatus internacional. Parte del interés español era evitar limitar al norte y al sur con territorios franceses. España también se quedaría con una franja al sur, limitando con el Sahara Español que controlaba. La ocupación francesa y española continuaría hasta la independencia de Marruecos en 1956, cuando se produjo la reunificación de su territorio. 

Hasta un viejo aliado del reino de Marruecos –EE.UU.–, optó por invadir Marruecos en 1942, durante la II Guerra Mundial. En efecto, Marruecos fue el  primer gobierno en reconocer a los EE.UU. en 1777, siendo viejos amigos y aliados. Pero la estrategia militar norteamericana, sería invadir el norte de Africa –en manos del régimen francés de Vichy–, para enfrentar a las fuerzas alemanas a escala limitada, y luego saltar al sur de Europa. Las relaciones diplomáticas se restablecieron luego del reconocimiento del Marruecos independiente en 1956. Más recientemente, Marruecos fue denominado como un gran aliado –no–OTAN de EE.UU. y conducen ejercicios militares –León del Atlas– en forma conjunta y regular. 

En la actualidad, Marruecos ha debido tomar posiciones delicadas ante la invasión rusa de Ucrania. Rabat inicialmente se ausentó de las votaciones donde en la asamblea general de la ONU se condenó la invasión rusa de Ucrania, tratando de mantenerse independiente de estas grandes potencias. A pesar de su alianza con EE.UU., no quería conflictos con Rusia, por querer lograr su apoyo en la cuestión del antiguo Sahara Español –hoy Sahara Occidental–. Además, Marruecos es el primer socio comercial de Moscú en Africa. Sin embargo, Rabat luego se alineó con la posición de EE.UU., aunque no apoyó las sanciones económicas a Rusia. Pero sí rechazó iniciativas rusas para que Marruecos funcionara como un puerto intermedio para sus importaciones, para así eludir las sanciones que afectaban a Moscú. 

La particular relación de Marruecos con Israel contiene elementos humanos muy importantes, que han sido el tratamiento benigno de los judíos marroquíes –asentados hace siglos en Marruecos–, y la emigración de judíos marroquíes a Israel. En efecto, Rabat protegió a los judíos marroquíes en tiempos de los horrores del régimen de Vichy, con el rey Mohamed V defendiéndolos personalmente. Por otra parte, Rabat procuró no entorpecer el proceso de emigración de judíos marroquíes a Israel, luego de la fundación del Estado judío. Así, han llegado a representar más del 10% de la población de Israel. 

A su vez,  Marruecos es el Estado árabe más alejado de Israel, y ha optado por un enfoque moderado con respecto al conflicto árabe-isaelí. Así, bajo el reino de Hassan II, se facilitaron en su territorio encuentros entre funcionarios de EE.UU. y de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), y encuentros entre israelíes y egipcios antes de la histórica visita del presidente egipcio, Anwar Sadat, a Jerusalén en 1977. Recientemente, Marruecos ha retomado las relaciones diplomáticas con el Estado de Israel –cortadas luego de la Intifada de Al-Aqsa en el 2000–, en el marco de los acuerdos de Abraham, aunque sin nombrar un embajador en Tel-Aviv. Por otra parte Marruecos e Israel son aliados extra-OTAN de EE.UU. y han colaborado en materia de inteligencia militar en el pasado. 

En este complejo escenario internacional, la diplomacia de Rabat busca con tenacidad fortalecer su rol como una potencia regional. En este contexto busca incorporar el territorio del Sahara Occidental –ex-Sahara Español–, y lograr el reconocimiento internacional de esta anexión. Este territorio fue abandonado por España en 1974, y entonces Rabat, que venía demandando derechos sobre el Sahara Occidental como parte del “Gran Marruecos”, la anexó. Un par de años antes, en 1973, se había creado un movimiento independentista –el Frente Polisario– que libraría por décadas una guerra de guerrillas, primero contra España, y luego contra Marruecos. En los hechos, Marruecos ocupa hoy 80% del territorio –incluyendo la costa a-tlántica–, y el frente Polisario un 20% –hacia el interior–. Complicando el conflicto, Argelia apoya al frente Polisario, como consecuencia de disputas territoriales con Rabat. Mientras Marruecos defiende  una propuesta de autonomía propuesto por el rey Mohamed VI en 2007, el frente Polisario prefiere que haya un referéndum de autodeterminación. 

Rabat ha elevado su nivel diplomático sustancialmente en el caso del Sahara Occidental. Así, en uno de los últimos actos de su presidencia, el presidente Donald Trump reconoció al territorio del Sahara Occidental como de Marruecos, su gobernante de facto. A cambio, Rabat retomaría las mencionadas relaciones diplomáticas con Israel. El presidente Joe Biden confirmaría su apoyo, siempre que se aceptara a un enviado especial de la ONU, para tratar de encontrar una solución. Así se nombró al diplomático Staffan de Mistura en octubre del 2021. A su vez, España apoyaría en 2022 el plan de autonomía propuesto por Rabat, con el jefe de Gobierno Pedro Sanchez afirmando que es “la única solución posible y realista”.

Es de esperar que la diplomacia marroquí siga enfrentando estos diversos retos con una visión propia, reflejando lo que escribió Kissinger sobre sus elites: “sus clases altas eran elegantes, influenciados por el racionalismo francés, pero modelados por las certitudes musulmanas”.

*Especialista en Relaciones Internacionales. Autor del libro Buscando consensos al fin del mundo. Hacia una política exterior argentina con consensos (2015-2027).

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