La buena noticia para Keiko Fujimori, la hija del exdictador Alberto Fujimori, fallecido en septiembre de 2024 tras haber pasado 17 años en prisión por delitos de lesa humanidad, es que lidera todas las encuestas para la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Perú, este domingo 12 de abril. La mala noticia para la candidata de Fuerza Popular, de 50 años, es que lo hace con guarismos muy bajos que le dan un promedio de 14,5 por ciento, lejísimos de la vara de 50 por ciento que debe superar para ganar en segunda vuelta.
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La candidata a la presidencia de Perú por el partido Fuerza Popular, Keiko Fujimori. Foto:EFE
Hace pocas semanas, su más probable adversario en esa segunda y decisiva instancia era el exalcalde de Lima Rafael López-Aliaga, de 65 años, candidato del partido Renovación Popular, y quien ha construido su liderazgo con un discurso ultraconservador, antiaborto incluso en casos de violación, antimatrimonio igualitario y antiadopción por parte de parejas homoparentales. Vinculado al Opus Dei, dice practicar la abstinencia sexual y la autoflagelación con cilicio. López-Aliaga ocupa el segundo lugar en la mayoría de encuestas, con 11,6 por ciento en promedio.
Para Fujimori, que siempre ha sido ubicada en la derecha radical, es el contrincante ideal en una eventual segunda vuelta, pues al estar situado a su diestra, le permitiría aparecer como la moderada de la contienda y recoger votos centristas e incluso centroizquierdistas que rechazan de plano a López-Aliaga.
Pero en semanas recientes, otro de los 35 candidatos inscritos viene creciendo de modo significativo. Se trata de Roberto Sánchez Palomino, de 57 años, líder del partido Juntos por el Perú, con un claro perfil de izquierda y quien fuera ministro de Comercio Exterior y Turismo del destituido y encarcelado mandatario populista, Pedro Castillo.
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En su momento, Sánchez fue acusado de complicidad con el intento de golpe de Estado de Castillo, quien intentó cerrar el Congreso el 7 de diciembre de 2022, y ese mismo día fue removido del poder en un proceso de vacancia adelantado por el Poder Legislativo y apoyado por la Justicia. Sánchez obtiene un promedio de 10 por ciento, con una dinámica alcista: hace pocas semanas apenas registraba un 3 por ciento. Y en una de las encuestas, la de la firma Ipsos, está por encima de López-Aliaga.
Los candidatos Caller (i), Vizcarra, Pérez Tello (c), Jaimes, Chiabra y Sánchez. Foto:EFE
Pero ninguno de estos tres candidatos aparece en el primer lugar de los sondeos: hasta este fin de semana, cuando arrancó la veda de encuestas previa a la votación, las opciones por las que más se inclinaban los peruanos eran el voto en blanco y el ‘no sabe/no responde’. En efecto, los indecisos suman entre 25 por ciento y casi 40 por ciento, según la investigación de opinión analizada.
Además, en los cálculos de la encuestadora Datum, ocho de cada diez peruanos capacitados para votar ignoran cómo hacerlo, desconcertados ante un enorme tarjetón con 35 candidatos presidenciales que aparecen en la primera columna, y otras tantas listas para el Senado (una de circunscripción nacional y otra por regiones), la Cámara de Diputados y el Parlamento Andino, todo en un mismo folio de casi medio metro de largo por 42 centímetros de ancho.
Además, hay voto preferente para el elector que desee utilizarlo: en una casilla al lado del partido escogido, puede marcar el número que el candidato de su preferencia ocupa en la lista de su colectividad.
Aparte de Fujimori, López-Aliaga y Sánchez, hay pocos candidatos con opción de pasar a segunda vuelta. Con 7,5 por ciento aparece el humorista Carlos Álvarez, de 62 años, muy conocido como actor y libretista cómico, tanto en cine como en televisión, así como por sus imitaciones de personajes de la vida nacional, y algunos de la escena internacional, en publicaciones que realiza para la red social TikTok. Señalado por su cercanía con el fujimorismo en tiempos de la dictadura, Álvarez respalda la pena de muerte y propuestas autoritarias en materia de orden público.
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Aunque venía en ascenso, no parece haberle ido bien en la serie de debates televisados de la semana pasada. Lo sigue, con un promedio de 6 por ciento, el economista de centro Alfonso López-Chau, académico y exintegrante del directorio del Banco Central de Reserva del Perú.
Los candidatos presidenciales Rafael López Aliaga y Carlos Álvarez. Foto:AFP
En los últimos diez años, Perú ha tenido nueve presidentes
Hace pocas semanas, en su reconocida columna del Miami Herald, el analista de origen argentino Andrés Oppenheimer narró que, de visita en Lima, les contó “a varios amigos peruanos que iba a entrevistar a su presidente”, y, para su sorpresa, “ni pestañearon”. Y agregó: “Varios se encogieron de hombros y me dijeron con una sonrisa que habían tenido tantos presidentes últimamente que ni recordaban el nombre del que estaba de turno”.
En los últimos diez años, Perú ha dado posesión a nueve presidentes, solo tres de ellos elegidos por voto popular, y el resto designados por el Congreso para reemplazar a los destituidos por ese mismo órgano.
El último en ser defenestrado es José Jerí, a quien el Congreso destituyó hace apenas siete semanas. Los tres electos en las urnas —Humala, Castillo y Kuczynski— están detenidos, Humala y Kuczynski acusados de recibir dineros de la constructora brasileña Odebrecht, y Castillo por su intento de golpe de Estado.
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A pesar de semejante inestabilidad política, la economía del Perú ha crecido en los últimos años muy por encima del promedio de América Latina. Tras subir a un ritmo anual por encima del 4 por ciento buena parte de la década pasada, en 2024 el PIB marcó un alza de 3,3 por ciento —uno de los mayores en la zona— y, en diciembre pasado, cerró 2025 con un aumento interanual de 3,8 por ciento.
Minería, desarrollo agropecuario y una variada y robusta oferta exportadora han sido los principales motores de este impulso sostenido.
José Jerí fue el más reciente presidente destituido en Perú. Foto:EFE
Muy significativa ha sido también la reducción de la pobreza. De niveles cercanos al 60 por ciento hacia 2005, con la pobreza extrema rozando el 20 por ciento, en 2024 ese indicador cayó a 27,6 por ciento, con la pobreza extrema en 5,5 por ciento. Las cifras podrían ser mejores si no se hubiera dado un rebrote durante el año de la pandemia, el 2020, y en los dos siguientes, antes de la recuperación de la tendencia positiva en 2024.
Oppenheimer resume así esta dicotomía entre estabilidad económica y sobresaltos políticos: “Perú es un país que crece de noche, cuando los políticos duermen”. Él y muchos otros analistas coinciden en reconocer que la estabilidad económica se debe a la manera juiciosa y responsable como el Banco Central de Reserva ha ejercido, desde su autonomía, el control de la política monetaria.
Pero el desgobierno resultante de tan efímeros mandatarios se ha dejado ver en el deterioro de la seguridad. De menos de 700 homicidios en 2017, Perú saltó a más de 2.200 en 2025, en una evolución de la violencia marcada —como en otros países de la región— por el auge de las bandas criminales dedicadas al narcotráfico y a la extorsión.
Los cultivos de coca se dispararon al pasar de 40.000 hectáreas en 2015 a 92.000 en 2023, para luego registrar un ligero descenso hasta 89.000 en 2024. En cuanto a la extorsión, el crecimiento ha sido aterrador: de 2.600 casos denunciados en 2019, a más de 21.000 en 2024, según cifras de la Policía Nacional del Perú.
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‘Hoy el viento está a favor de una candidatura de derecha’
La mejora en la situación económica y el deterioro de la seguridad pueden marcar la decisión de la mayoría de los votantes, entre ellos los millones de indecisos que las firmas encuestadoras seguían registrando la semana pasada.
Hace pocos días, el politólogo peruano Carlos Meléndez consideraba, en una entrevista con el diario El Comercio de Lima, que esta situación “abona a favor de quien ha hecho del orden su lema de campaña, que es Keiko Fujimori”.
Meléndez agregó que “las encuestas dicen que el principal problema del Perú es la inseguridad”, y explicó: “Hace cinco años era la economía y ganó la izquierda, por eso creo que hoy el viento está a favor de una candidatura de derecha”.
Alberto Fujimori (1990-2000) se caracterizó por una política económica de derecha neoliberal. Foto:AFP
Para el politólogo es claro que “el fujimorismo es quien tiene la marca del orden más establecida dentro de su marketing político y de su historia”.
En las pocas horas que faltan para la votación, Fujimori no solo tiene que convencer a una buena franja de los 27 millones de eventuales electores (en 2021 sufragaron 18 millones), sino que, si se confirma su liderazgo en los sondeos y pasa a segunda vuelta, tendrá que romper la racha de tres derrotas sufridas en esa instancia final: en 2011 contra el populista de izquierda Ollanta Humala, en 2016 contra el centroderechista Pedro Pablo Kuczynski y en 2021 contra Castillo.
En esas tres confrontaciones de segunda vuelta, a Fujimori le pesó ser la hija del exdictador, un hombre que llegó a gozar de enorme popularidad en la primera mitad de los noventa, en los años iniciales de su década de mandato, pero que ya era ampliamente rechazado por la opinión cuando renunció y se exilió en Japón en 2000. Ese opinión desfavorable lo acompañó a lo largo de su larga condena en prisión y hasta su muerte en 2024.
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Pero ahora que el país soporta los embates de una inseguridad galopante, ya no es lo mismo. Para Meléndez, “después de haber pasado tantos años en la cárcel, (Fujimori) se convirtió en alguien del que la gente cambia su percepción, y piensa que ya cumplió condena muchos años, cosa que otros políticos no hicieron”. Según Meléndez, esta variación en la percepción se explica porque el exdictador “murió anciano, enfermo y despertó mucha nostalgia en la ciudadanía peruana”.
Si consigue pasar a segunda vuelta, para Keiko Fujimori será la primera vez que llega a esa instancia definitiva sin su padre vivo. Que la sombra del exdictador ya no pese contra ella como antes, y que su muerte y el auge de la criminalidad en el Perú hayan llevado a muchos a añorar los mejores años del fujimorismo, son circunstancias que pueden darle el empujón definitivo que le hizo falta en las tres ocasiones anteriores.
Mauricio Vargas – Analista Senior – EL TIEMPO
