La revancha de Kurz, el líder político más precoz del mundo

Desde Viena

Hace un par de semanas se publicó en Austria una biografía autorizada de Sebastian Kurz en la que se narra que el ex canciller conservador, quien busca reconquistar el poder en las elecciones de hoy, “pronunció sus primeras palabras al duodécimo mes de vida”. El tono panegírico del libro, que parece escrito a medida de la campaña de Kurz, provocó burlas en los medios y las redes sociales. Pero importa poco si la anécdota es cierta o no. En cualquier caso, da cuenta de la imagen que se busca transmitir desde el entorno del candidato: la de un joven prodigio, un wunderwuzzi.

Aunque lo de “prodigio” es opinable, sí es cierto que Kurz ha sido siempre un político precoz: a los 33 años, el líder del Partido Popular Austríaco (ÖVP) tiene chances de convertirse en el gobernante democrático más joven del mundo… por segunda vez.

Nacido en 1986, Kurz fue presidente de la rama juvenil de su partido a nivel nacional a los 23 años. Secretario de Estado a los 24. Candidato más votado al Parlamento a los 27. Ministro de Asuntos Exteriores a esa misma edad. Presidente del ÖVP a los 30. Y canciller de Austria a los 31, tras las elecciones de 2017.

Se mantuvo en el cargo hasta junio pasado, cuando un escándalo por sospechas de corrupción sobre sus socios en la coalición de gobierno, los ultraderechistas del Partido de la Libertad (FPÖ), detonó la alianza que lo sostenía en el poder. El llamado “caso Ibiza” desató una crisis política inédita en Austria. Una cámara oculta mostró al ex vicecanciller y líder del FPÖ Heinz-Christian Strache ofreciendo contratos públicos a la supuesta sobrina de un magnate ruso a cambio de financiamiento ilegal para su partido.

Strache tuvo que renunciar y Kurz pidió también la cabeza de los demás ministros del FPÖ. Apenas quince meses después de su estreno, la mayoría que habían formado juntos se quebró y una moción parlamentaria de censura de la oposición, a la que se sumó el propio FPÖ, eyectó a Kurz de su puesto. Las elecciones de hoy son consecuencia de ese terremoto (desde entonces, el país quedó bajo el mando de un gabinete de tecnócratas). Una vez más, Kurz llega primero en las encuestas, con un 34% de intención de voto.

Aunque su triunfo es casi un hecho, no tendrá mayoría propia para formar gobierno y la gran incógnita es con quiénes negociará para garantizarse la mayoría (ver nota aparte).

Estilo. Para los austríacos, la edad de Kurz no es un dato especialmente llamativo. “Primero, porque él tiene un estilo anticuado; y segundo, porque cuenta con una extensa trayectoria en las arenas de la política −dice a PERFIL el analista político austríaco Peter Plaikner, director de la consultora IMPact en Viena−. Kurz da una imagen de autocontrol y cortesía que, manejada por un equipo de comunicación pequeño pero capaz, resulta eficiente a la hora de mostrarlo como un dirigente con proyección e impulso”.

Carismático y dueño de una oratoria trabajada, clara y directa, Kurz sabe conectar con un electorado conservador que ve en él a un líder llamado a cambiarle la cara al ÖVP, el partido tradicional de la derecha austríaca. El núcleo duro de su voto está en el interior del país, en zonas agrícolas, prosperas y católicas, donde es especialmente popular entre votantes de la tercera edad.

Aunque se cuida mucho de no pasar la raya de la xenofobia, uno de los ejes de su propuesta política es ponerle freno a la inmigración. En ese punto su discurso roza el de los ultras del FPÖ; aunque, a diferencia de ellos, Kurz es un europeísta hecho y derecho, que defiende la pertenencia a la Unión Europea.

“Kurz actúa en el espíritu de Maquiavelo y entiende el oficio del poder como ningún otro −señala a este diario el politólogo austríaco Johannes Huber−. Sabe captar el estado de ánimo social y no hace nada que pueda movilizar a una mayoría en su contra. En ese sentido, es bastante populista. Y es un maestro de la retórica: sus discursos son simples, de apariencia lógica y, por lo tanto, convincentes para muchas personas. Es muy disciplinado”.

Los detractores de Kurz se cuentan sobre todo entre los jóvenes de la cosmopolita Viena y de otras grandes ciudades, donde lo caracterizan como un lobo con piel de cordero. “Es un mentiroso, pura máscara −dice Hannah, una estudiante de 23 años que votará por los ecologistas de Los Verdes−. Antes el ÖVP al menos era un partido político. Ahora es una máquina de hacer culto a su figura”. Incluso el antecesor de Kurz al frente del ÖVP, Rienhold Mitterlehner, lo acusó hace poco de haber convertido “una Austria plural en una sociedad replegada en sí misma”. Y eso con apenas 33 años.

*Esta nota se  realizó en el marco del Journalists in Residence Program del Ministerio de Asuntos Exteriores de Austria.

Otros treintañeros en el poder

Si regresa al gobierno, el austríaco Sebastian Kurz no será el único treintañero en el poder: se sumará a una breve lista de mandatarios menores de 40 años. En Latinoamérica, el más joven es el presidente de El Salvador, Nayib Bukele (38), quien esta semana tuvo sus quince minutos de fama al sacarse una selfie en la Asamblea General de la ONU para señalar que ese organismo está “obsoleto”. Lo sigue su par de Costa Rica, Carlos Alvarado Quesada (39), en el poder desde hace poco más de un año. Al otro lado del planeta, uno de los más nóveles es el dictador norcoreano Kim Jong-un (35), quien sucedió a su padre Kim Jong-il cuando tenía solo  27 años. Aunque lo de Kim no es tan meritorio como lo de Kurz y compañía: en su caso, no se transformó en gobernante por vía democrática sino por herencia de sangre en un régimen dictatorial.

Carrera veloz

◆ Sebastian Kurz debutó como presidente de la rama juvenil a nivel nacional de su partido a los 23 años.

◆ Después fue secretario de Estado a los 24; y candidato más votado al Parlamento a los 27.

◆ A esa misma edad fue designado al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores de Austria.

◆ Tras las elecciones de 2017 se convirtió en el gobernante democrático más joven del mundo, a los 31 años.