El día en que el Premio Nobel de la Paz enloqueció con los tostados del Tortoni

Cuando Abiy Ahmed Alí probó por primera vez un tostado de jamón y queso en el café Tortoni, ya no quiso comer ninguna otra cosa en Buenos Aires. “Vamos de vuelta al Tortoni”, repitió tres o cuatro veces en los días siguientes, cuando los anfitriones de su visita le preguntaban qué tenía ganas de hacer.

Era 2014 y por entonces Abiy era un joven e ignoto funcionario de Etiopía que había llegado por unos días a la Argentina en una misión oficial de cooperación científica. Con 38 años, acababa de asumir como director de un instituto público de Ciencia y Tecnología en su país.

Cinco años después, Abiy es Premio Nobel de la Paz por haber puesto fin a un conflicto sanguinario, según anunció ayer el Comité de Oslo. Y no solo eso: desde abril de 2018, cuando asumió como primer ministro de Etiopía, se ha convertido en la nueva estrella de la política africana.

“Era el más joven y más inteligente de la comitiva, un tipo muy simpático”, recuerda Bernabé Malacalza, investigador del Conicet y la Universidad de Quilmes −el anfitrión de Abiy que lo llevó al Tortoni y también a la Bombonera, donde la comitiva etíope fue anunciada por los altoparlantes.

Abiy nunca fue apenas un aburrido ingeniero informático con vocación política. Decimotercer hijo de un padre musulmán de la etnia oromo y sexto de una madre cristiana de la iglesia ortodoxa etíope, Ahmed había debutado en la militancia armada a los 15 años, cuando el asesinato político de su hermano mayor lo impulsó a unirse a una célula guerrillera de los oromo que participaba en la lucha armada contra la dictadura comunista de Mengistu Haile Mariam, amo y señor de Etiopía desde la caída de su último monarca Haile Selassie.

Mengistu cayó finalmente en 1991. Desde entonces Etiopía fue gobernada siempre por el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (Fdrpe), al que Abiy pertenenece. Pero su tránsito desde la militancia juvenil hacia la política grande no empezó en el partido sino en las Fuerzas Armadas, donde hizo carrera militar hasta 2007. Luchó, de hecho, en la guerra contra Eritrea de 1998, el capítulo más cruento de un conflicto que él mismo terminaría dos décadas después.

Después de llegar a teniente coronel, y de dirigir durante dos años la flamante agencia de seguridad ciberespacial etíope, el tecnócrata Abiy por fin tuvo su bautismo político. En 2010, el gobierno lo envió como mediador a su pueblo natal Beshasha, en el sur del país, donde las tensiones entre cristianos y musulmanes estaban a punto de irse de las manos. La gestión de Abiy fue un éxito. Él mismo diría años después que esa experiencia lo motivó a dedicar su tesis doctoral en Filosofía a la resolución de conflictos interreligiosos en Etiopía.

La intervención en Beshasha fue el pequeño trampolín que Abiy necesitaba. Pronto se convirtió en diputado de la coalición gobernante por el Partido Democrático Oromo; y más tarde en ministro nacional. El año pasado, una rebelión de los oromo reprimida violentamente por las fuerzas de seguridad provocó una crisis política que derribó al primer ministro, Desalegn Haile Mariam, y llevó al Fdrpe a pensar en un oromo para reemplazarlo. Para entonces Abiy ya tenía todas las fichas.

Hoy el premier etíope es la última moda de la política africana. “Es un personaje asombroso: sangre fresca, disruptivo, el tipo de líder que todos quisieran”, dice el analista político David Herbling, quien desde Kenia envidia el fenómeno Abiy desatado al otro lado de la frontera.

Apenas tres meses después de asumir, logró la firma de un acuerdo de paz con Eritrea tras un conflicto fronterizo estancado durante dos décadas (ver recuadro). Luego se convirtió en mediador regional al impulsar la transición democrática en Sudán. Liberó a miles de presos políticos y favoreció el retorno de miles de exiliados,  y puso fin al estado de sitio en su país. Promovió a la presidencia a Sahle-Work Zewde, la única mujer jefa de Estado en África, y nombró un gabinete con paridad de género.

El Nobel 2019 no fue para la joven Greta Thunberg, como algunos esperaban. Desde los márgenes del mundo, un ex militar hizo más méritos.

Personaje

☛ Tiene 43 años y es ingeniero informático. Hijo de un musulmán y una cristiana, nació en un pequeño poblado.

 ☛ Creció en una casa sin electriciad ni agua corriente, en la que dormía en el suelo.

 ☛ Siendo adolescente, se implicó en la lucha armada contra el régimen del dictador Mengistu Haile Mariam.

☛ Llegó al poder en abril de 2018. Firmó la paz con su vecino Eritrea, liberó a miles de disidentes y pidió perdón por la brutalidad del régimen anterior.

Final a la larga guerra con Eritrea

El 8 de julio de 2018, Abiy Ahmed Alí viajó a Asmara, Eritrea, para firmar un acuerdo histórico de paz que puso fin a un estado de guerra entre ambos países que se mantenía desde hacía veinte años. El documento estableció la reanudación de las relaciones diplomáticas, el comercio, los transportes y las telecomunicaciones. Fue el cierre definitivo de un conflicto sanguinario por la delimitación territorial de Eritrea, que se había independizado de Etiopía en 1993 y ocupó y anexionó la región fronteriza de Badme en 1988. Más de cien mil personas murieron por la guerra que se prolongó por los siguientes dos años. El conflicto se mantuvo latente hasta que asumió Abiy.