Cuarentenas y negaciones de viaje no atajarán al mortal coronavirus

El coronavirus se está propagando a un ritmo acelerado, pero las cuarentenas y las inapropiadas prohibiciones de viaje podrían causar más estragos que la misma enfermedad. La Organización Mundial de la Salud tiene el deber de proteger la salud humana, pero también la obligación de proteger a los ciudadanos del mundo de las violaciones de los derechos humanos o las innecesarias dificultades económicas que el pánico podría causar. Hasta ahora, están haciendo un buen trabajo para lograr este complicado equilibrio.

La OMS desaconsejó las prohibiciones de viaje de largo alcance que algunos legisladores conservadores de Estados Unidos quieren imponer a China, donde comenzó el brote. El anuncio de la semana pasada de que EE.UU. pondrá en cuarentena a 195 personas evacuadas de Wuhan, China, tiene sentido siempre y cuando las personas se encuentren en un ambiente seguro y cómodo.

Pero ir demasiado lejos no resolverá el problema e incluso puede empeorarlo. Las cuarentenas masivas provocadas por el pánico han fracasado, dice Amy Fairchild, decana de la Facultad de Salud Pública de Ohio State University. En 1892, por ejemplo, la gente culpó a los inmigrantes judíos por un brote de tifus, y fueron detenidos y obligados a vivir en tiendas de campaña en una isla en East River. El hacinamiento de personas enfermas con personas sanas solo provocó que la enfermedad se extendiera aún más.

Incluso es contraproducente que los chinos pongan en cuarentena a Wuhan, como lo han intentado hacer, porque es demasiado tarde para contener la enfermedad, dice Eric Toner, médico y científico principal del Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud y la Escuela de Salud Pública Bloomberg. Los intentos de confinamiento masivo solo hacen que las personas quieran huir.

La OMS también tiene razón al aconsejar contra las prohibiciones de viaje, dice Toner. Es demasiado tarde, dado que la enfermedad ya ha viajado lejos de China. Las prohibiciones de viaje ahora crearán pocos beneficios y mucho daño económico.

El brote SARS de 2003 es el precedente pasado más comúnmente invocado del brote actual, ya que fue causado por un coronavirus y se originó en China*. Fairchild, que trabajó en las directrices de la OMS y escribió sobre la respuesta de la organización a ese brote, dice que provocó las cuarentenas y restricciones de viaje más extensas en la historia global; tal vez, en retrospectiva, demasiado restrictivas. Unas 30.000 personas fueron puestas en cuarentena en Canadá.

Científicos creen que el coronavirus actual parece menos mortal, pero puede ser más contagioso. Fairchild dice que espera que funcionarios de salud pública contengan la enfermedad de manera tal que respete los derechos humanos, poniendo en cuarentena a las personas en el hogar, por ejemplo, y asegurándose de que todos los detenidos se encuentren en un ambiente seguro con alimentos y agua limpia. Compensar a los que están en cuarentena también puede ayudar, dice ella. Al garantizar que las personas no se arruinarán financieramente por una cuarentena, los funcionarios pueden alentar el cumplimiento.

«Cuarentena» es una palabra aterradora, dice Rebecca Katz, directora del Centro para la Ciencia y Seguridad de la Salud Global en Georgetown University. En el pasado, se ha hecho de una manera que puede parecer un castigo, pero si se hace bien, debería verse más como un deber de jurado, algo que nadie quiere hacer, pero debería hacerlo, por el bien de la sociedad.

Fairchild dice que rastrear los contactos de las personas y rastrear aquellos que probablemente hayan estado en contacto con casos conocidos podría ayudar a limitar la cuarentena a solo aquellas personas con mayor probabilidad de estar expuestas a la enfermedad. Eso podría verse como una violación de la privacidad, pero en un brote tan grave, los beneficios superan los daños.

Sin embargo, las decisiones sobre la cuarentena deben basarse en la ciencia, no en la política o el miedo. Durante el brote de ébola de 2014, no había necesidad de que las autoridades pusieran en cuarentena a una enfermera de Maine que había regresado de tratar pacientes en África occidental. Fue confinada a una tienda de campaña detrás de un hospital en Nueva Jersey, aunque nunca estuvo infectada.

El virólogo David Sanders de Purdue University cita ese caso como un ejemplo de pánico, ya que había una probabilidad casi nula de que la enfermera fuera contagiosa: el ébola se contagia por contacto con fluidos corporales de pacientes muy enfermos o cadáveres, no por personas sin síntomas. En este momento, la OMS trata de buscar un equilibrio pues la información es limitada y cambia constantemente. Todavía se comprende poco qué tan transmisible es el virus o qué tan mortal.

Toner realizó simulaciones en octubre pasado de una pandemia de gripe y un nuevo brote de coronavirus. Dijo que anticipaban interrupciones de viajes y del comercio, suministros limitados de medicamentos y de suministros médicos, consecuencias económicas y sociales y propagación de información errónea. «Esto ha resultado ser bastante acertado». Seguir las recomendaciones de la OMS puede minimizar estos problemas causados ​​por los humanos. Por ahora, el pánico y las respuestas inapropiadas al virus amenazan con causar más interrupciones que el virus en sí.

(*) Existe confusión sobre SARS y si se trataba de una pandemia. El término ha sido utilizado para distinguir brotes globales de influenza, como el H1N1 de 2009, de una gripe estacional. Sin embargo, no existe una distinción clara para otros brotes. En la cultura popular, las personas usualmente asocian el término pandemia a un alto número de muertes.